Lo esencial cuando todo se rompe
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Publicado:23 de Enero de 2026
El accidente de tren ocurrido el domingo en Adamuz (Córdoba) nos sacudió de nuevo como sociedad. No sólo por su crudeza, sino porque nos recordó, una vez más, lo frágiles que somos y lo rápido que la normalidad puede saltar por los aires. En cuestión de segundos, una tarde cualquiera se transformó en angustia, incertidumbre y dolor.
Sin embargo, cuando todo falla, cuando el miedo se impone y la sensación de desamparo amenaza con paralizarnos, hay algo que permanece: los servicios públicos. Son ellos quienes llegan primero, quienes sostienen, quienes cuidan y quienes, literalmente, salvan vidas.
Sanitarios que atienden a heridos sin preguntar de dónde vienen ni a quién votan. Bomberos y cuerpos de seguridad que se juegan el tipo para rescatar, asegurar y proteger. Personal ferroviario que actúa con profesionalidad en medio del caos. Todo un engranaje humano que funciona gracias a años de formación, vocación y compromiso con lo colectivo.
El accidente de Adamuz no es sólo una tragedia puntual; es también un espejo. Nos muestra qué es lo esencial cuando todo se tambalea. Y no son las promesas vacías ni las privatizaciones encubiertas. Son los recursos públicos, bien dotados y bien gestionados, los que marcan la diferencia entre el abandono y la esperanza.
Resulta llamativo que sólo recordemos el valor de lo público cuando ocurre una desgracia. Cuando hay que recortar, se recorta casi siempre en los mismos sitios. Cuando hay que invertir, se duda. Pero cuando la vida aprieta, cuando el desastre golpea sin avisar, nadie pregunta si el servicio es rentable: se exige que esté ahí.
Estas tragedias deberían servirnos para algo más que para el lamento pasajero. Para entender que defender lo público es una necesidad vital. Porque cuando todo se vuelve negro, lo único que no puede fallar es aquello que nos cuida a todas y a todos.
Desde estas humildes líneas, dar las gracias a todas las personas que forman parte de los servicios públicos que han arrojado un rayo de luz ante la oscuridad de la tragedia, demostrando que la solidaridad, el compromiso y lo colectivo siguen siendo nuestro mayor refugio en los momentos más difíciles.
