El odio también tiene intereses

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    11 de Septiembre de 2026

Lo ocurrido en Ceuta debería hacernos reflexionar: sobre una monarquía marroquí que no es la primera vez que utiliza la migración como palanca contra España; sobre la respuesta que se ha dado; y sobre una ciudad que no puede quedar a merced de esos intereses. Pero también sobre algo más profundo: en qué sociedad nos estamos convirtiendo y a quién le interesa que sea así.

Mientras hablamos de fronteras y seguridad, crece a nuestro alrededor algo que no podemos normalizar: el racismo. Y no crece solo. Crece porque a alguien le resulta útil.

La extrema derecha ha encontrado en esta situación su terreno favorito: convertir el miedo en odio y enfrentar a quienes comparten los mismos problemas. Señalar a quien llega es más rentable para quien especula con la vivienda o precariza el trabajo que explicar por qué los salarios no llegan a fin de mes o por qué faltan recursos en la sanidad pública. Su verdadero éxito es conseguir que la clase trabajadora se enfrente entre sí, en lugar de mirar hacia quienes deciden y se benefician de que sigamos divididos.

Esto no va solo de Ceuta. Va de nuestros barrios. De cuándo aceptamos que un vecino o un compañero de trabajo merece menos derechos por su origen, en lugar de exigir juntos vivienda, salarios dignos y servicios públicos.

Quienes no hemos tenido que huir de nuestro país para sobrevivir somos privilegiados. Nadie elige dónde nace. Y nadie arriesga su vida huyendo de su país si no es porque ya no le queda otra salida.

Una sociedad también se define por lo que está dispuesta a tolerar. Y cuando el odio se trata como una opinión válida más, se convierte en una victoria para quienes prefieren a la clase trabajadora dividida antes que organizada.

Hoy el odio hace ruido, sí. Pero no lo confundamos con la mayoría.

Quienes creemos en la igualdad, en un país de brazos abiertos, en lo público como garantía de derechos y en una clase trabajadora que no se deja dividir por su origen somos más. Aunque intenten hacernos creer lo contrario.

 

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