Cuando la juventud sale a la calle, la democracia respira
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Publicado:9 de Octubre de 2026
Hay una generación que se niega a aceptar que vivir dignamente sea un privilegio. Una generación que ha aprendido demasiado pronto que trabajar no siempre garantiza poder pagar un alquiler, que emanciparse puede convertirse en un lujo y que tener un hogar seguro parece, para demasiadas personas, una meta inalcanzable.
Por eso están saliendo a las calles.
Jóvenes que podrían resignarse, marcharse al extranjero o encadenar contratos precarios han decidido organizarse. Se movilizan por el derecho a la vivienda, acompañan a familias amenazadas por un desahucio y señalan a quienes convierten un derecho básico en un negocio. No piden vivir gratis. Reclaman algo tan sencillo como poder construir una vida sin que el alquiler se lleve la mayor parte de un salario.
Como integradora social, sé que detrás de cada desahucio no hay solamente cuatro paredes. Hay familias, criaturas que pierden su habitación, personas mayores y proyectos de vida. No fracasa quien no puede pagar un alquiler imposible; fracasa un modelo que permite que la vivienda sea un producto financiero antes que un derecho.
Mientras la calle reclama soluciones, se acercan elecciones y aparece una pregunta incómoda: ¿qué hacemos frente a quienes utilizan el miedo para convertir al vecino en enemigo?
El fascismo no siempre llega con uniformes. A veces se presenta disfrazado de discursos contra las personas migrantes, contra quienes ocupan, contra el feminismo, contra los sindicatos o contra cualquiera que cuestione los privilegios. Crece cuando normalizamos el odio y permitimos que determinados mensajes formen parte del paisaje cotidiano.
Por eso la movilización juvenil importa. Defender la vivienda también es defender la democracia. Parar un desahucio es defender una comunidad. Enfrentarse al racismo es defender la convivencia. Organizarse demuestra que frente al individualismo también existe solidaridad.
Y hay una responsabilidad que no podemos delegar: votar.
Salir a la calle es necesario. Organizarse y protestar también. Pero acudir a las urnas lo es igualmente. Cada elección permite decidir qué políticas queremos, qué derechos proteger y qué discursos no queremos gobernando nuestras vidas.
Votemos por la vivienda, por los derechos, por los servicios públicos, por la igualdad y por una democracia que no deje a nadie atrás.
La juventud ya está contestando desde las calles. Ahora nos toca contestar también en las urnas.
Porque cuando una generación sale a defender el derecho a tener un hogar, no está pidiendo demasiado. Está recordándonos que la democracia se defiende en la calle, en los barrios y también votando.
